El lino en Sotosalbos, patrimonio cultural

Sotosalbos cartelpozaslino web TEXTOS E IMÁGENES: David Martín Carretero y Mar Pinillos Rodríguez (Tenada del Monte S. Civil).

Según el Catastro de la Ensenada, la superficie ocupada por las pozas de lino ascendía a unas 10 obradas, es decir, unas 4 hectáreas. Gracias a este documento podemos conocer los nombres de los parajes donde estaban ubicadas y su cabida. Los topónimos recopilados son los siguientes:

Juan Blanco |Gitana |Calderuelas | La Garrida | Por bajo de las Garridas| Pozo de Domingo García  |Pozos blancos  | Los pozos bajeros |Pozos de en medio| Los pozos  encimeros| Los Pozuelos| Bajada de los Pozuelos| Pozas bajeras| Pozas de en medio| Pozas encimeras | Poza Grande| Poza Honda |Poza Juana | Poza perdida | Pozas del río | Perálbarez | Perálbarez encimera | Perálbarez bajera | Cascajal  |Bajada del Cascajal  |Balsas | Blanquillas  |Cerbigueros |Allí Cerca | Allí Luego | Matas del Ondizo  | Allegadero | Blancas  |Más arriba de las Blancas  | Eras de abajo | Pedro Vázquez | Tirador | Tardía | La Abuela |Martín Hernanz | Mora | La Gabriela | Arroyo |Vereda de la Puente de En medio | Ejido del concejo

El lino se sembraba en abril y requería, tras nacer, de riego cada 8 días más o menos. Florecía en junio, por San Juan y granaba hacia Santiago. Ya en agosto se arrancaba de raíz, como los garbanzos, se hacían haces y se dejaban secar al sol. Luego se desgargolaba, es decir, se quitaba la semilla, dando golpes con una maza sobre unas piedras grandes y planas denominadas salegas, que generalmente se encontraban en las portadas o pajares. Tras este proceso, el lino estaba preparado para el proceso de “empozado”, el proceso más importante para la obtención de una buena calidad de la fibra. 

Los haces se llevaban a las pozas, donde se sumergían durante 6 a 8 semanas, dependiendo de la temperatura del agua. Para evitar que flotara, se ponían piedras sobre los haces. En este proceso, se hacía fermentar la planta para separar la corteza de la fibra y, además, favorecer la elasticidad de la misma.

Para saber si estaba “cocido” o no, había una persona con experiencia que solía estar al cuidado. Tomaba una muestra del lino y lo restregaba entre los dedos. Tan malo era quedarse “corto de poza” como “pasarse de poza”. A medida que avanzaba el proceso de empozado, el agua adquiría un color más oscuro y un olor desagradable. 

El uso de las pozas estaba regulado por las ordenanzas municipales citadas en el artículo "Sotosalbos y el lino": el momento en que había que empozar todos a la vez, estando prohibido hacerlo antes bajo pena. También se nombraba una persona que “hinchaba de agua” las pozas y las mantenía vigiladas para que no se quedaran sin ella. Asimismo, el concejo estaba obligado a limpiar el reguero que iba a las pozas, estando prohibido taparlo mientras estaba el lino empozado.

Tras este proceso, se sacaban los haces, se dejaban secar de nuevo, se espadaban y se rastrillaban para terminar de dejar limpia la fibra. Posteriormente se hilaba con la rueca y el huso, se hacían las madejas, que se blanqueaban y, por último, se hacían los ovillos. Estos ovillos se llevaban a los tejedores, que hacían las telas. Dependiendo de la calidad se hacían telas para sábanas, camisas, medias… o bien para costales.

Un proceso muy laborioso que requería una gran sabiduría y destreza del manejo del lino transmitida de generación en generación.


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